El Río Guadiana en su curso bajo recorre un amplio
espacio fronterizo de Portugal y España
encajado entre colinas de cotas modestas, con un relieve más suave en
la orilla portuguesa, lo que ha originado el asentamiento de poblados
ribereños.
Una zona tradicionalmente dedicada a la minería y a la pesca,
actualmente despoblada, desconocida e inalterada, que goza de uno de los parajes naturales más variados y bellos.
A nivel territorial, es un área con un déficit importante en materia de
protección del medio ambiente, lo que origina un aumento en la
intensidad de los usos humanos sobre el territorio, la sobreexplotación
en algunos sectores tradicionales y la desaparición de otros, así como
la destrucción del patrimonio natural-cultural debido al desarrollo
incontrolado de ciertas actividades económicas como el turismo de
masas, bien siguiendo el modelo de sol y playa malagueño en la costa, o
en versión descafeinada, es decir con la cara lavada para su aprobación
en el medio rural, que se están promoviendo río arriba. Tambíen
últimamente una proliferación de construcciones ilegales fuera de los
cascos urbanos y la expansión de los cultivos extensivos de fresa y
naranjas, están reduciendo el habitat natural rápidamente, cercenando
la posibilidad de que el bajoguadiana se convierta en una Reserva de
la Biosfera de gran valor.