Estos pueblos vivieron
su etapa de esplendor cuando el transporte
comercial por el río Guadiana era una realidad que originaba numerosos
puestos de trabajo y una gran actividad comercial en la zona.
Con la
minería, también se crearon numerosos poblados de trabajadores en las
cercanías de las mismas, como Minas de Santa Catalina, El Sardón, Minas
de Santa Isabel y otras poblaciones ligadas al transporte fluvial de
mineral como Puerto de La Laja o Pomarao, que basaron su actividad
económica en el transporte de mercancías, las cuales llegaban en tren
desde las minas hasta los cargaderos, donde se clasidifcaban los
minerales para cargarlos en los barcos.
Estas poblaciopnes se vieron mermadas con la desarticulación de las
minas en los años sesenta. Con el cierre de las mismas, los
trabajadores perdieron sus empleos y tuvieron que emigrar. La misma
suerte corrieron los poblados ribereños, como Puerto De La Laja, en el
que la actividad en el cargadero desapareció por falta de mercancías y
el comercio en el río se perdió paulatinamente.
Las poblaciones del
interior han sufrido la tendencia general al despoblamiento de las
áreas rurales, acentuado además por la situación periférica de espacio
fronterizo que agudiza la marginalidad de la zona. Sin embargo,
las
poblaciones costeras muestran un mayor dinamismo debido al desarrollo
turístico, comercial y de la construcción.
Actualmente estos pueblos se han convertido en fuente de mano de obra
del modelo costero, aunque a medida que este desarrollo avanza hacia
el interior contribuye al desarrollo propio de la economías locales.