Respecto al patrimonio cultural, la situación fronteriza ha marcado
huellas históricas del
paso de distintas civilizaciones y de la
rivalidad entre ambos paises, determinando en gran medida las
contrucciones que se han ido realizando en la zona como la permanente
presencia de la fortalezas para la defensa de la frontera. El resto del
rico patrimonio artístico del Bajo Guadiana lo conforman
la riqueza
arquitectónica de los cascos históricos, la amplia manifestación del
arte sacro, los molinos de viento para moler el grano.
Dentro del patrimonio arqueológico encontramos
una civilización
prehistórica asociada a la actividad minera y militar, que nos ha
dejado constancia de sus tradiciones funerarias como antas, dólmenes...
Las tradiciones artesanas, en otros tiempos base de una importante
economía, tienen hoy una proyeccion como recurso turístico. La
cestería, elaborada con productos de la tierra como juncos, el mimbre
y las cañas, o las escobas de palmera de Junqueira, textiles como los
cojines bordados de Castro Marim y Azinhal o los sombreros y tapetes de
palma y lino de Altura y Fumazinhas, los muñecos de Yute y las flores
de aguja de Martinlongo, la forja del hierro, el corcho o la madera,
etc...
También existe
una tradición culinaria basada en los productos de la
tierra como la amrguiña, licos extraido de las almendras, los gurumelos
de la comarca del Andévalo, las conservas de atún y mojama de Ayamonte,
el cocido portugués, la caldereta de cordero y la cacholá elaborada con
productos del cerdo de S. Silvestre de Guzmán, el aliño de habichuelas
de manteca, las anguilas,...